
La Felicidad ya No es Gratis: se Vende en Navidad
En diciembre, la felicidad deja de ser una emoción y se convierte en un producto.
Luces, canciones, anuncios y sonrisas obligatorias empujan la misma idea: si no estás feliz, algo te falta. Y casi siempre, eso que “falta” tiene precio.

La Navidad moderna funciona como un escaparate emocional. No celebra lo que somos, sino lo que consumimos para aparentar que todo está bien. Regalos para tapar silencios, cenas para disimular ausencias, brindis que intentan ahogar lo que el año dejó roto.
La tristeza, en este contexto, resulta incómoda. No vende. No encaja en las vitrinas ni en las fotos familiares. Por eso se esconde, se culpa, se corrige. Como si sentir dolor en estas fechas fuera un fallo personal y no una reacción humana.
Pero hay algo profundamente honesto en no comprar esa felicidad empaquetada. En admitir que no todos los finales de año son de celebración. Que a veces sobrevivir ya es suficiente. Y que no son las luces las que nos faltan, sino espacios donde no haya que fingir.
Tal vez por eso, hoy, estar triste en Navidad se siente casi revolucionario. Porque en un mundo que monetiza la alegría, reconocer el dolor es un acto de verdad.
AUTOR :Doctor Rod Love



